EL MOMENTO MÁS ESPERADO


El ama de casa Mónica Núñez estaba esperando algo apasionante. Creía que iba a recibir algo importante, pero finalmente no ocurrió nada en realidad. Estaba buscando el momento más esperado para hacerlo. Finalmente se acostó, cansada de tanto bullicio, en un sofá y, horas más tarde, se puso a hacer manualidades.
También era experta en pintar cuadros y coser. Un día, llegó a hacerse un suéter para abrigarse.
nica se descubrió por todas partes y pensó «No había nada en particular que me interesara». Fue afuera y se puso un chal. Algo interesante para ella era su actitud: recordó que cuando iba a la escuela de gastronomía cocinaba platos interesantes, como unas empanadas de carne y un guiso, y además, rendía bien, pero finalmente la abandonó para ser ama de casa.
Finalmente, Mónica conversó con su marido, Carlos Pérez, que era un hombre de pelo oscuro y llevaba anteojos.
¿Qué tal te fue con tu rutina? —preguntó Mónica.
Fue muy difícil, tuve que trabajar en una oficina y me echaron del trabajo —contestó Carlos.
Quedate tranquilo, hoy podrías conseguirte uno —replicó Mónica.
Mónica se preparó para hacer unas empanadas de choclo para ella y sus hijos, mientras estos miraban la televisión. Media hora después, cuando terminó de hacer las empanadas, las puso en el horno durante veinte minutos. Pasado ese tiempo, las sacó del horno y las puso en un plato especial.
Al rato, Mónica invitó a sus hijos para que comieran.
Después del almuerzo, Mónica se durmió la siesta mientras que los hijos jugaban al parque. Era un momento muy imponente, el más esperado. Mientras tanto, recordaba las veces en que paseaba y hacía manualidades.
Tras levantarse de la siesta, se depiló con la depiladora eléctrica que tenía y merendó con sus hijos. No había nada especial en eso. Solo la propia vida, que era más que activa. Podía presenciar todos los actos que la invitaban. Nada más que eso. En uno de esos actos, había una oradora que conversaba sobre los métodos de confección de prendas y otras manualidades. ¡Era todo un éxito!
Al pasar, recordó cuando iba a la escuela y llegó a ser abanderada. ¡Qué gran recuerdo! Además, llegó a recibir un diploma de fin de curso y presenciar un viaje de egresados a Bariloche. Algo impensable para muchas personas, pero factible para ella.
Un año después de aquel viaje de egresados, Mónica vio una publicidad de una revista que anunciaba un curso de corte y confección por correspondencia que tenía un cupón recortable. Tras recortar ese cupón y llenar los datos personales, lo metió en un sobre, lo envió por correo y recibía en su casa lecciones y el material necesario para aprender a coser varias prendas. Empezó a hacer alguna de ellas de una forma impecable.
Años después de hacer ese curso todavía conserva algunas de esas prendas en los cajones de su armario, junto con la ropa comprada y varios pares de zapatos de tacones altos que solía llevar en algunas ocasiones.
Mónica salió con Carlos al patio. Se sentaron en un banco y charlaron un rato:
¿Qué tal? ¿Tenés algo interesante para charlar?
Sí.
Entonces, ¿qué querés saber?
¿Trabajaste bien?
Bastante.
Terminaron la conversación y volvieron a su casa a merendar. Había unas ricas facturas y un vaso de leche para cada uno.
Una hora más tarde, se fueron al dormitorio a dormir una siesta. Era una idea tremenda que logró conciliar a ambos. Con esto se terminaban todos los problemas que había sufrido. Era una estrategia eficaz para ellos. Solo que si se tardaba mucho, iba a empeorar todo. Algo que no toleraban para nada, ya que Mónica tenía más virtudes que defectos.
Era una situación muy peligrosa para ambos: Mónica y Carlos tenían que decidirse por qué razones tenían que coordinarse; de lo contrario, estaban castigados.
Mónica corrió hasta la vitrina del pasillo y descubrió que el espejo estaba inclinado. Lo puso al derecho y se fue directo a la cocina. Estaba ansiosa por comer. Preparó la comida y, una vez terminada, se sentó en la mesa con su familia.
Al terminar de comer, descubrió que Carlos estaba en el baño, afeitándose la barba y el bigote con espuma y una máquina desechable. Después de afeitarse, Carlos salió del baño y se durmió la siesta con Mónica. Horas después, tras levantarse de la siesta, Carlos hizo ejercicio con una bicicleta fija mientras que Mónica preparaba una rica torta para su familia. Era algo muy sensacional.
Lo llamativo era el momento en el que Mónica puso la torta en el horno. Esperó unos minutos, y luego la sacó del horno y cortó una porción. Nunca creía que era tan rica, pero al probar otro pedazo sí le pareció sabrosa.
nica acomodó la ropa del armario y la colgó en los percheros que había allíl. Luego se tiñó el pelo usando una coloración que tenía en el baño. La aplicó y el pelo pasó de rubio a castaño en segundos. Después de que la coloración que había aplicado se secase, empezó a peinarse. Al terminar, notó que tenía un peinado impecable. Después se depiló las piernas con una depiladora eléctrica que llevaba consigo. Siguió depilándose hasta que no quedara ningún pelo en las piernas ni en los brazos.
Después se hizo una máscara facial para que el cutis le quedara impecable. También se aplicó una crema de belleza. Tras aplicarse todos esos productos, Mónica tenía un look impecable en el momento más esperado. Se veía muy preciosa y podía salir a cualquier lugar donde le aceptaran. De esta forma, sus amigos la veían en el lugar de trabajo con buenos ojos y con un montón de elogios.
¡Excelente! —gritó una compañera suya.
¡Fantástica! ¡Tenés un look muy canchero! —exclamó otra.
Mónica agradeció por esos elogios:
¡Gracias! Me siento más cómoda.
Tenía razón. Con ese look se sentía muy cómoda.

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