UN MOMENTO ATRACTIVO


Un día al atardecer, Juan Ruipérez estaba paseando por el Laguito del Parque Independencia y no sabía qué barco elegir.
Pagó en la boletería y eligió el barco 33. Se subió al barco y navegó por el Laguito durante media hora hasta que, una hora siguiente, el instructor decía:
Barco 33, ¡ya es la hora!
Se bajó del barco y se dirigió a la fuente de aguas danzantes. Estaba emocionado por cómo fluía el agua en la fuente y las luces que encendían y cambiaban de color. Era un momento muy atractivo.
Dos horas después, se tomó un colectivo y volvió a casa. Al volver, cenó y se acostó.
A la mañana siguiente, se tomó un café y conversó con su hermana Laura.
¿Qué hacés?
Estoy planchando ropa.
Cuando Laura terminó de planchar la ropa, Juan dio una vuelta a la manzana. Recorrió varios comercios: una peluquería, un supermercado, una óptica… además de varias casas de los vecinos.
Al volver a casa, Juan veía al papá lijando unas maderas con una lijadora eléctrica, algo que le valió la pena. Después de lijarlas, las guardaba en un lugar especial de la mesa. Después de lijarlas, tenían un aspecto liso al tocarlas.
Sin moverse atrás, era un joven ejemplar. Tan ejemplar que hacía de todo en un momento atractivo. Ante todo, reinaba la tranquilidad. Laura estaba ansiosa por ver lo que hacía Juan.
Laura y Juan acomodaron las cosas del dormitorio. Vieron cómo la ropa estaba desordenada, la ordenaron y la guardaron en los cajones.
Juan anotaba con lápiz y papel las cosas que tenía que hacer: lavar la ropa, secar el baño, colgar las toallas… hasta el punto que hacía todas las cosas bien.
Fue un día agitado; quedaba en la mente el recuerdo de las luces nocturnas que cambiaban de color en la fuente de aguas danzantes del Parque Independencia. Fue un espectáculo muy divertido, tan divertido como las luces de Navidad.
Esto parecía muy fácil ya que Juan no era muy aguafiestas, se pasaba todo el rato charlando y jugando a la mancha en el patio.
En el dormitorio, encontró la colección completa de la revista Vasto Mundo. En sus números encontraba varias notas interesantes. La colección estaba guardada en varias cajas, todas agrupadas por el año de edición.
Además, también tenía guardados varios juegos de mesa y libros interesantes. El dormitorio era muy grande. También atesoraba, en otras cajas, la colección completa de la revista El Vecino.
También estaban guardados varios ejemplares de las revistas Descubrir y Más Allá, además de un centenar de otras revistas que coleccionaban, que también estaban agrupadas por año de publicación.
Además, había otra caja donde guardaba los pares de zapatos que usaban, acomodados de forma muy apropiada.
¿Podés decirme qué estás pensando? —preguntó Laura.
Estoy yendo al patio —contestó Juan.
Desde el patio se veían las calles aledañas a la casa. Pasaban muchos autos y camiones, incluso una moto. Era una calle muy tranquila, con una frondosa arboleda, pero faltaban algunas baldosas en el piso. Venía a ser como una terraza.
Además, era tan sencilla la vida que se podía apreciar con un simple abrir y cerrar de ojos. Se podría tratar como un hecho contundente.
Aquí hay una carpa —afirmó Juan.
Tenía razón. Era una carpa grande multicolor, similar a las que se usan en el camping. Adentro guardaba unas bolsas de dormir muy cómodas.
Todo era casualidad. Solo que en un instante, Juan llegó a adelantarse al tiempo. Una medida muy sutil, pero acertada.
De repente, volvió a entrar a casa y pisó el suelo. Había mucho que hacer. Esto no tenía final.
Juan pensó que no podía soportar cada cosa. Tenía una mente superdotada.
Ahí tenés todo lo necesario para equiparte. Vestite bien —ordenó la mamá.
Se vistió y se preparó para la próxima aventura.
Fue en auto con su mamá y notó que había un incendio en la casa del vecino. Estaban trabajando los bomberos en apagar el fuego.
Horas después, el incendio había sido extinguido, pero la casa guardaba algunas reliquias del fuego. No era tan grave.
Al volver, Juan tomó la leche y se escondió en la habitación. Había una grata sorpresa que esconder, a menos que sea algo útil.
Horas después, notó que la sorpresa eran unos alfajores de maicena que la mamá había preparado. Volvió a la cocina y probó uno. Después tomó agua y regresó a la habitación. Era un motivo más para emocionarse.
Al rato descubrió que todo era un motivo más para tener éxito. Un éxito que nadie podía lograr hasta ahora. Algo muy comprobado.
Sin esperar más, pudo recordar que en el dormitorio además tenía una guitarra, una mochila y un reloj despertador. Era mucho más que una mansión. Algo que mantenía con fuerza a él y a toda su familia.
No pudo contener la emoción por ver todo esto. ¿Hay algo muy eficaz para esto? Para ser exactos no, al menos sin perder el ímpetu.
Juan se dirigió hasta la cocina a buscar los anteojos que se había olvidado la mamá:
Acá tenés los anteojos.
¡Gracias!
¿Por qué te los olvidaste?
Estaba distraída cocinando.
Juan no tenía tanta saña, solo unos principios fundamentales. Era alguien muy valiente y eficaz. Poseía agallas para todo. En resumen, era muy honesto. Todos sus amigos lo querían.
Un día, se dio cuenta de lo que tenía que hacer, una vida muy activa y placentera. Algo que no era tan difícil; en cuestión de segundos, solo una persona como él podía lograrlo. Era una cuestión de tener suficiente fuerza y coraje. Algo que Juan al principio no tenía, pero que finalmente la logró con un poco de esfuerzo.

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